Proceso de Hominización




Proceso de Hominización

 

Proceso evolutivo de la especie humana a partir de formas primitivas del orden de los primates.
La reconstrucción de la filogénesis del hombre y especialmente de su bifurcación de la línea de los demás primates se desarrolla paralelamente al aporte de documentos fósiles y al desarrollo de los conocimientos acerca de los mecanismos, principalmente genéticos, que determinan las diversas transformaciones de las especies.
En el estudio comparativo para fijar la filogénesis humana se tienen en cuenta sus caracteres distintivos en conjunto:

Desde un punto de vista etnológico, de comparación entre los diversos comportamientos entre animal y humano, el problema fundamental consiste en la determinación del grado de hominización, la línea de separación o, como la llama K. Lorenz, " La emergencia del hombre". Este autor plantea tres condiciones:

Por lo contrario, los animales, en general, y aun los primates superiores, no poseen suficientemente logrado y desarrollado su cerebro en el centro práctico y fásico para poder coordinar conocimiento y práctica y ordenar el proceso de la esperiencia, del que resulta el lenguaje simbólico.

Los primates.

Los actuales primates primitivos son arborícolas y tienen una alimentación omnívora, aunque prefieren los insectos. Tal era también un modo de vida de las formas ancestrales eocénicas, el cual ha impuesto alguna particularidad evidente a todo el grupo sistemático: la locomoción es plantígrada; las manos y los pies son presibles para aumentar la seguridad en los árboles; las uñas, total o parcialmente planas, en tégula, lo que ayuda a sujetar objetos diminutos; los ejes oculares tienden a disponerse paralelamente durante el reposo, pudiendo converger hacia adelante, y la decusación de los nervios ópticos es solo parcial, es decir, permite observar simultáneamente con los dos ojos objetos próximos y pequeños, así como una correcta y rápida telemetría, esencial para los saltos de una rama a otra. Es importante hacer notar que, excepto los prosimios, los primates tienen un destacado interés por el sexo opuesto, y que la hembra suele aceptar al macho en casi cualquier ciclo menstrual e incluso durante la gravided. Más de un naturalista ha visto en ello el esbozo de la uniones familiares polígamas o monógamas que se observan en los monos superiores.

Como ocurre en otros mamíferos gregarios, como los roedores y los pinnípedos, todas las hembras de los primates acaban, en condiciones normales, siendo fecundadas, mientras que muchos machos son excluidos de la reproducción de manera permanente o por largo tiempo. Alguien ha atribuido a tal circunstancia la aparición del intenso dimorfismo sexual que muchas especies presentan, pero esto no excluye que dicho dimorfismo pueda tener otras causas.

Los primates inferiores tienen evidentes afinidades con los insectívoros hasta el punto de la superfamilia tupaioideos ha sido trasladada repetidas veces de un orden a otro. Tales afinidades se hacen todavía más claras si se toman más claras si se tienen en cuenta algunas familias fósiles del teciario inferior.

Algunas familias de esta época se hanextinguido sin dejar descendientes, otras manifiestan clarísimas relaciones con las familias actuales, y otras, en fin, presentan un parentesco menos claro con las formas vivientes. Entre estas figura la familia Omomyidae, de la cual parece haberse originado tanto los piatirrinos como los catarrinos. Los primates paleocénicos y eocénicos, aunque se consideran emparentados con los primates superiores, no superan el nivel de organización de los prosimios. En el oligoceno aparecen formas claramente pertenecientes a los catarrinos, como Oligopithecus.

En el mioceno las diversas ramas de los catarrinos se han diferenciado relativamente, y entre ellas destaca de manera particular los póngidos. En el mioceno aparece un género indoafricano que los paleontólogos están hoy de acuerdo en considerar como homínido: se trata del Ramapithecus, conocido también como Kenyapithecus o Kenyathopus.

Las relaciones entre póngidos y homínidos.

Proconsul es un género del mioceno inferior, representando quizá por tres especies de las cuales sabemos bastante. Se trata de individuos cuya talla está comprendida entre la de un gibón y la de un gran gorila. La cabeza es fuertemente prognata, con robustos caninos semejantes a los de los póngidos, pero con la bóveda y la base de los cráneos de una estructura muy ligera; les falta además el rodete supraorbitario. Los miembros y la cintura escapular corresponden a un animal que practica la ubicación prensil de las manos, pero que no se ha especializado de manera destacada en este sentido. Algunos especialistas han creído reconocer en el proconsul el antepasado bien de los póngidos, bien de los homínidos; otros sostienen que este género poseía una dentadura muy especializada para ser considerado la raíz de los homínidos.

En todo caso es cierto que los homínidos derivaron de formas que practicaban la utilización prensil de las manos, como lo prueba la estructura de su cintura escapular, la forma del tórax, la propia orientación de los fémures con respecto a la columna vertebral, y, según una vieja idea de Darwin, también los diversos flumina pilorum, es decir, la orientación de los pelos a lo largo de los miembros y del tronco. Por otro lado, los antecesores de los homínidos no podían tener mano prensil muy especializada, puesto que en los últimos años la relación entre la masa de los brazos y la de las piernas es inversa a la que se da en los póngidos e hilobáticos, y la mano conserva una estructura muy generalizada. Los primeros homínidos bien conocidos se reúnen en la subfamilia de los australopitecidos. El nombre se debe a la procedencia de los primeros hallazgos, pero, en realidad, la distribución del grupo es mucho más vasta. El único género de la familia que se acepta hoy es el australopithecus, el cual, por lo que se le conoce, comprende a dos o tres especies: A. africanus, A. robustus y A. boisei. Las tres especies se sitúan en orden cronológico en pleistoceno inferior y en la parte inicial del pleistoceno medio. También se conocen muchos restos del esqueleto del tronco y miembros del australopithecus. Del estudio de la pelvis, del fémur y de los huesos del tarso se deduce de manera inequívoca que estos primates poseían una postura erecta.

Algunos autores suponen que su autonomía estaba mejor adaptada a la carrera que a la marcha, pero que en cualquier caso debe excluirse la suposición de que practicasen otro tipo de locomoción que la bípeda. El esqueleto cefálico desvela un desplazamiento hacia delante del orificio occipital, pero la capacidad craneana y el prognatismo no son muy diferentes a los que se da en los póngidos.

La dentadura es, sin embargo, típicamente humana: las arcadas dentarias tienen forma de herradura, los caninos no sobrepasan a los incisivos, falta de un diastema y la superficie cortante o trituradora no está especializada El A. Robustus y el A. Boisei tienen mayor tamaño y, sobre todo, sus molares y la correspondiente musculatura mandibular eran excepcionalmente potentes. Según los más destacados especialistas, estas dos especies habrían de tener un régimen vegetariano. En cambio el A. africanus habría tenido una dieta carnívora; se trata de una especie de formas muy gráciles, con la dentadura más bien pequeña. Los auatralopithecus habitaban en la sabana, morando en abrigos rocosos o al aire libre. parrecen que han dejado tras de sí manufacturas de hueso y cuerno, pero no de piedra. Sobre la alimentación del A. Africanus se encendió una dura controversia que ha durado más de un decenio, aunque ahora parece que esta especie se nutría de mamíferos de dimensines diversas algunos de los cuales no poderían ser capturados sin una acción coordinada.

De ello es lícito decir que el Australopithecus poseía una organización social muy compleja y que los indivios se podían comunicar entre sí. No sepuede saber si hablaban, pero la anatonomía de su paladar era tal que hacía posible el lenguaje. El Homo Habilis es muy parecido al australopithecus, pero tenía una capacidad craneana superior a la del Australopithecus, sus dientes y su mandíbula son más ligeros lo que le permite parecerse más a los humanos. Su estatura era de 145 cm. Los restos sobre esta especie son pocos lo que permite pronunciarse poco acerca de esta especie, pero no existen unos cuantos motivos para demostrar que la posición de este era erecta. Con esta especie se han hallado groseros utensilios líticos asociados a la cultura olduvense. La serie de fósiles de Olduvai, conocido gracias a la constancia de Leakey y de sus colaboradores proporciona datoss de extrema importancia sobre el origen del género Homo, pero vuelve más difícil el problema de su conexión con el Australopithecus.

¿ Cómo explicar que en el periodo villafranquiense del frica oriental coexistieran o se sucedieran, con intervalos relativamente cortos, al menos cuatro especies de Homínidos?.

Ph. V. Tobías ha propuesto para los homínidos pleistocenos en el árbol generealógico y filogenético. Este árbol concuerda rigurosamente con los datos cronológicos y paleontológicos. De una forma pliocénica especializan de una forma divergente, formas robustas, con dentadura más potente y de régimen vegetariano, y formas ligeras, con dentadura más moderna de régimen omnívoro, con predominio del carnívoro; una tercera rama conserva, en cambio, características poco especializadas, pero el cerebro aumenta en ella de volumen. Las dos ramas especializadas desaparecen de frica en el pleistoceno medio, mientras que la no especializada se asegura y se extiende cada vez más. Tal reconstrucción, aún siendo intrinsecamente coherente, no satisface apenas, puesto que implica un fenómeno sumamente improbable: la especiación simpátrica en el seno de las poblaciones móviles y de constumbres, más bien eclécticas. De hecho, la dificultad indicada es quizá debida al error de la perspectiva. El modo esencial de ambulación permitía a los homínidos antiguos difundirse en ambientes diversos y sobre territorios remotos: las poblaciones se diluirían así en vastos espacios, pero su movilidad las llevaría a confluir de nuevo frecuentemente, en variadas combinaciones. Se trata de un proceso que facilita la aparición de unidades intraespecíficas, con adaptaciones mofológico-funcionales divergentes, aunque determina también la readsorción periódica de estas, impidiendo su cristalización en unidades reproductivamente aisladas.

En esta perspectiva, lo que parece un corte en la serie evolutiva vertical puede imterpretarse como un corte en la red, de la cual vemos algunos nudos, pero de la que desconocemos sus complejos lazos. Algunas formas anacrónicas son solamente poblaciones atrasadas que pueden ser readsorbidas mediante hibridación y así entrar en el pool genético de la especie, y otras son, en cambio, ramas colaterales que no resistirían el contacto con las diversas poblaciones que hayan experimentado en otras áreas progresos esenciales.

La hominización, tras la aparición del Homo Habilis, se convierte en la historia del desarrollo del encéfalo y de las facultades intelectivas: el primero, documentado por el aumento de la capacidad craneana, el segundo, revelado por el progreso en las técnicas del trabajo en la piedra, por la aparición de técnicas rituales de tipo religioso y por el nacimiento de técnicas artísticas de nivel elevado. Es muy probable que hubiera una correlación entre la especialización de la mano y el desarrollo del encéfalo. El aumento del volumen del encéfalo comporta algunas modificaciones en la arquitectura craneana.

Los mecanismos evolutivos implicados en la hominización.

Entre los biólogos encuentra hoy una gran aceptación la idea de las poblaciones y, a largo plazo, también las especies se transforman ampliamente a cambio de las mutaciones géneticas o crosómicas que influirán en la selección natural y, en menor grado, mediante la deriva genética.

Se puede añadir que en la transformación de las especies intervienen también fenómenos de crecimiento alométrico, incluidos directamente por los mismos procesos selectivos. No decimos que estos sean los únicos fenómenos responsables, pero son, por cierto, los más importantes, y por sí solos se bastan a esclarecer las grandes líneas del origen del hombre. Para valorar adecuadamente la importancia de la deriva genética en la evolución humana hay que tener presente que durante varias decenas de miles de generaciones el hombre ha sido recolector o cazador, lo cual significa que ha vivido organizado en pequeños núcleos muy aislados, a menudo hostiles que persiguiendo la caza, llegaban a veces a colonizar localidades remotas y deshabitadas. Los fenómenos de alometría en la evolución humana han suscitado siempre vivo interés, y repetidas veces se han avanzado hipótesis que tratan de explicar uno o otro detalle anatómico o funcional sobre este patrón.

El modelo propuesto por Bolk postula que la evolución humana comporta un retardo del crecimiento, por lo cual el hombre actual adulto conservan muchas características que poseen los fetos o las crías de los primates superiores. Pero si bien es verdad que el sistema piloso del hombre se ha modificado y reducido, como el feto de un chimpancé, si es cierto que su cara es reducida y su neurocráneo globoso, como los de un feto de gibón también es cierto que muchos rasgos específicamente humanos se diferencian más precozmente, y de manera más aparente que los correspondientes rasgos de los antropomorfos.

La evolución humana se caracteriza un procesoneoténico, acompañado de una etapa de prolongación del crecimiento. Esta teoría se complementa con la gerontomorfosis o recapitulación, fenómeno de adelantamiento de un carácter después del desarrollo adulto, o aparición, en el estado embrionario de un carácter anterior. Haeckel la denominó recapitulación y enunció su regla: " La ontogenia es la recapitulación abreviada de la filogenia". Parcialmente, el embrión humano repite los esbozos embrionarios de sus antecesores.

Conjugando las ideas de Bolk y Haeckel, se puede decir que unos órganos humanos obedecen a la gerontomorfosis y otros a la neotenia y que, el factor principal de la evolución, en unas épocas influyó más la neotenia y en otras la recapitulación.