El Oro de Marga Marga, 1460-1561.*

 

 

* Publicado en Valparaíso, 1995

1. El largo brazo del Inca.

El dominio incaico en Chile Central fue diferente del que impuso más al Norte. Sin embargo, la presencia directa cuzqueña se ejerció desde algunos centros hacia una periferia de explotación y dependencia.

La población nativa de Chile Central constituía una riqueza energética potencial poseedora de un nivel cultural relativamente avanzado, que atrajo la atención y ambición del Tawantinsuyo. Estos indígenas chilenos poseían ya una estructura socio-económica sobre la cual podía superponerse sin grandes trastornos la dominación incaica.

La abundante presencia intocada de metales preciosos hizo más atractiva aún la conquista para los incas, que se materializó entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI.

Las cuencas de los ríos Aconcagua y Mapocho recibieron mitimaes y jefes cuzqueños; se introdujo el culto al sol y a la luna. Se difundió el quechua y establecieron centros administrativos en Quillota y Colina. Se delimitaron algunas tierras de pobladores nativos y otros más levantiscos fueron desplazados hacia diversas regiones del imperio. A comienzos del siglo XVI, Chile Central todavía era un área en proceso de asimilación y su conexión con El Cuzco obedecía a normas especiales. En los valles de Mapocho y Maipo había mitimaes militares y agrarios, situados al sur del Mapocho y al norte del Maipo, dando la impresión de estar en una zona de colonización incipiente por parte de contingentes numerosos de diaguitas, que dejaron como mudos testimonios su cerámica y sus tumbas.

La minería de metales preciosos era impuesta por los incas a las comunidades locales que vivían cerca de esos minerales. Siendo ellos propiedad personal del Inca, para explotarlos jugaban las relaciones directas recíprocas entre el monarca y los jefes nativos, antiguos dueños de los minerales.

El sistema de explotación aurífera bajo los Incas en Chile Central y concretamente en la cuenca del estero Marga Marga, no escapó al vínculo de sumisión personal de los jefes locales hacia el monarca que los sometió (Véase Silva 1978). Esa relación personal tras la conquista (casi feudal) era básica y reportaba al jefe local, en este caso Michimalongo, un poder e importancia social superior incluso, al de los representantes del estado incaico en la zona (en ese caso Quilicanta).

Sometidas las comunidades nativas del valle de Aconcagua y consolidados los lazos de dependencia personal entre el Inca reinante y los jefes locales, los incas obligaron a los naturales a trabajar tributariamente los lavaderos de Marga Marga y Curauma, entre otros, para obtener a modo de tributo anual un "regalo" para el emperador cuzqueño, a cambio del cual, el jefe local mantenía la confirmación de su cargo y la "amistad" del monarca. La explotación incaica habríase iniciado entonces por 1470-90 y finalizado poco después de 1536. (Véase, Vera 1995)

Según Keller (1960) los lavaderos de Marga Marga y Las Dichas en Casablanca, fueron explotados con el sistema de "Mita", produciéndose anualmente las cantidades de 667 kgs de oro de 22,5 quilates (tomado de Rosales: 209). El mismo autor señala que la producción total obtenida en 80 años por los Incas en todo Chile, habría sido de 200.000 kgs, mientras que el último tributo de Chile capturado por Almagro en Tupiza, habría consistido en 552 kgs (Vicuña M.1881).

Aún en 1536 la producción de Marga Marga bajo los Incas era todavía importante. Fernández de Oviedo, cronista de la expedición de Almagro señala que éste halló las minas y las quebradas o nacimientos de ellas "labradas como si los españoles lo hubieran hecho". En aquella oportunidad Paulo Inga hizo reunir en Quillota como regalo del Valle de Chile para Almagro, unos $200.000 en oro; casi 2.000 libras o 5.261 kgs (Según Rosales) y después 300.000 ducados (7.892 kgs).

Al momento de llegar los españoles, los trabajos dirigidos por los incas consistían en la recolección del oro en pepas, del tamaño más grande, quedando el polvo y el mineral más fragmentado en la "mazamorra" o terrones removidos. El metal obtenido usando herramientas de madera, era recogido y llevado a Quillota, donde se fundía dándole la forma de discos, marcados con un pecho femenino. De allí era conducido hacia el Cuzco.

 

2. El oro de los conquistadores.

Sometido el jefe Michimalonco por Valdivia en mayo de 1541, comunicó la existencia de los lavaderos de Malga Malga, de donde obtenían anteriormente el oro para el Inca.. En esa oportunidad, Michimalonco ofreció entregar al Gobernador un tambor repleto, equivalente a $ 120.000 o 24,3 kgs Al momento de ser capturado poseía además dos talegas con media fanega de metal precioso equivalente a 27,7 kgs (Vivar 1966). Asimismo, ofreció a Valdivia a cambio de su libertad 1.200 jóvenes y 500 mujeres soleras para las faenas extractivas; contingente minero que también trabajó durante el dominio incaico (Mariño 1865:54). Sin embargo, el cronista Vivar afirma que sólo concurrieron 600 hombres, y en otro lugar Mariño (1865: 55) señala que Valdivia excluyó a las mujeres de esas inhumanas faenas.

En el otoño de 1541 fueron enviados a explorar Marga Marga los conquistadores Francisco de Aguirre y Francisco Villagrán acompañados de un guía de Michimalonco. En esta exploración encontraron construcciones habitacionales y obras de minería.

Según el relato de Mariño de Lobera,

"Acordó él [ Michimalonco] y los demás señores que con él estaban en prisión, de llevar al capitán [Valdivia ] a las minas de Malgamalga, junto al río grande de Chile y Quillota. Aceptó Valdivia la oferta, y tuvo por bien de ir a ellas pués no había más de dos leguas de allí a donde las minas estaban; llegando allí halló en el asiento de ellas muchas fundiciones y crisoles de barro para el efecto". (Mariño 1865: 54)

Valdivia designó a dos españoles que sabían de minería a cargo de las primeras faenas hispanas: Pedro de Herrera y Diego Delgado, quienes comenzaron por hacer lavar las mazamorras o terrones ya explotados por los incas, de donde se extrajo abundante oro mediano y menudo. En tal oportunidad, en sólo 11 días de trabajo habían extraído unos $ 25.000 o 115 kgs en polvo y pepas ("Con herramientas de palo y no buenas bateas" Vivar 1966:47);enviado luego a Santiago para que fuese fundido por Alonso Monroy. Según Amunátegui (1909-10: I 118) hasta Agosto de 1541, cuando se inició la gran rebelión de Michimalonco, se obtuvieron entre 29,5 a 34,4 kgs de metal precioso.

No obstante, este promisorio inicio de la explotación hispánica de Marga Marga será detenido por la sublevación de Tanjalonco en Quillota, con el asalto a los lavaderos, la destrucción de un bergantín en el estero de Viña según Vivar, o en Concón según Rosales, y la muerte de 12-13 españoles y muchos yanaconas peruanos. En esa ocasión los picunche tomaron un botín superior a 23 kgs de oro (Mariño: 56). El asalto y destrucción de Santiago por Michimalonco y su coalición indígena (11 Septiembre 1541) desencadenó la llamada "Guerra de los Lonko" en Chile Central contra los ocupantes españoles, impidiendo la explotación intensiva de Marga Marga hasta 1543.

 

Derrotada la sublevación Picunche en diciembre de 1543, Valdivia decidió reiniciar las faenas de Marga Marga. Para ello utilizó sus encomiendas de Quillota y Aconcagua y la producción alimenticia de sus estancias de Quillota y Acuyo. Amunátegui nos señala que para apaciguar a los rebeldes y derrotados, sólo comenzaron las labores en 1545, enviando entonces exclusivamente 500 yanaconas peruanos de ambos sexos, ( I:119) y después las encomiendas de Quillota y Aconcagua del gobernador Valdivia.

Es desde 1545 hasta 1561, que ocurrirá la verdadera "época de oro de Marga Marga". En ese lapso los españoles debieron vencer la total reticencia y repulsión de los vencidos picunche frente a tales labores, pero una vez superada y repartidos los indígenas entre diversos encomenderos, fueron utilizados masivamente; especialmente hombres y mujeres jóvenes y niños, llevándolos desde diversos lugares de la Zona Central. Mariño de Lobera (1865: 75) anota que,

"Allí era la prisa de andar juntando cada uno los más indios que podía para echar a las minas y [hubo].... encomendero como Rodrigo de Quiroga que tenía en ellas seiscientos indios de su repartimiento, la mitad hombres, y otras tantas mujeres, todos mozos de quince a veinticinco años....."

Como en 1541, se prosiguió el aprovechamiento de las mazamorras o terrones trabajados en el período incaico. De este momento comienza el auge de Marga Marga, que durará hasta su parcial agotamiento y el descubrimiento de otros lavaderos en Choapa, en 1561.

Poseemos los siguientes datos de la producción de 1541 a 1561:

TOTAL DE 20 AÑOS: $ 2.000.000 oro = 9.840 kgs (Vicuña M.)

Tales cifras parecen exageradas ahora, pero las opiniones de los contemporáneos confirman la riqueza y opulencia entregada por los lavaderos:

"Era la grosedad de estos minerales tan abundante, que venían hombres con mujeres e hijos tan pobres que para los fletes no tenían, y se remediaban luego con la grosedad de la tierra. Con esta nueva prosperidad se vivía a lo largo, y andaba el oro a raudo, sin haber otra instrucción para los indios de que sacasen mucho y [a]purarlos para que lo trajesen puro y aunque algunos pocos fueron cuerdos en arrebañar lo más que pudieron, y con ello irse a vivir a sus patrias descansadamente, pero los más o casi todos no se cuidaban de más darse a la buena vida..."(Mariño 1865: 76)

 

3. Los sitios habitacionales de los mineros.

El trabajo hizo necesaria la instalación semi permanente de los mineros, españoles, indígenas y negros, en ciertos lugares cercanos a los yacimientos de labor, a lo menos durante 8 meses del año. Tales sitios fueron llamados "asientos" por los hispanos y posiblemente fueron los mismos ya ocupados desde el período incaico. Varias fuentes documentales hablan del poblado indígena y luego del "asiento de Minas de Quillota o Marga Marga":

 

4. Una demora que valía la pena.

a temporada anual de trabajo comenzaba después de las cosechas de otoño y duraba hasta el comienzo de las siembras de septiembre-octubre. El tiempo empleado en las labores era de 8 meses y se conocía como "la demora".

Hasta 1545 se usaron los procedimientos incaicos que empleaban instrumentos de madera (palas) y beneficiaban sólo los trozos grandes y medianos de metal, abandonando el resto. Los españoles terminaron de extraer todo el oro restante contenido en la "mazamorra" o deshecho dejado por la explotación incaica-picunche. En adelante hicieron que los indígenas usaran barretas y herramientas de cobre.

Igualmente, los cronistas testifican las duras condiciones que debían soportar las mujeres, que debían lavar el oro en pleno invierno,

  • "metidas en el agua todo el día helándose de frío deben lavar el oro llorando, y aún muchas con dolores y enfermedades que tenían y aún cuando no entraban con ellas las sacaban ordinariamente de allí (Mariño 1865: 55)"
  • Los peninsulares aplicaron en Marga Marga casi las mismas técnicas descritas por el cronista Fernández de Oviedo y Valdés en su "Historia General de Indias" (1ª Parte, libro 6, Cap. 8: 184-185) y aplicadas en La Española a inicios del siglo XVI:

    1. Se aprovecha de lavar la arena acumulada en la parte del cauce, donde éste hacía alguna curva (el "ancón").
    2. El agua corriente debía estar cerca para lavar y separar el oro de la tierra.
    3. Se cavaban "catas" algo lejos del agua para que no se anegasen y llenasen de barro.
    4. Se usaban "bateas" para lavar la tierra o arena removidas.
    5. Unos indios cavaban el terreno y llenaban las bateas.
    6. Otros las llevaban al agua.
    7. Allí los "lavadores" las vaciaban en otras bateas mayores, donde se lavaban con las manos permaneciendo en la orilla con el agua hasta la rodilla.
    8. Los indios "acarreadores" volvían por más tierra o arena que lavar.
    9. Las bateas poseían dos asas para moverlas en balanceo, recogiendo sólo el agua necesaria y botando la tierra disuelta o arena.

    El oro, más pesado que la tierra, se iba al fondo, quedando aislado allí. Cuando era posible, se procuraba dejar en seco el lecho de los ríos, arroyos o lagunas para extraer el oro acumulado en el fondo del cauce. Para ello se desviaban las aguas corrientes, buscando el oro entre las oquedades y resquicios de las piedras del lecho principal.

    Durante el siglo XVIII se utilizará una "naveta" de cuero llamada "poruña" en vez de las bateas (Amunátegui I:117).

    Gómez de Vidaurre, cronista del siglo XVIII, hace algunas acotaciones acera del trabajo en lavaderos. Afirma por lo que apreció en su tiempo, que a tales trabajos se dedicaban entonces únicamente aquellas personas sin recursos para explotar minas de "pique y veta" (: 208). Y en cuanto al rendimiento, considera que no es un procedimiento muy económico, porque se pierden muchas partículas metálicas pequeñas que se lleva el agua o va en terrones no bien disueltos. Aconseja pues, agregar mercurio durante el lavado para obtener todo el oro (:209). Pero, como el azogue era my caro, casi nadie podía utilizarlo en lavaderos. A pesar de todo, se obtenían grandes ganancias, incluso pepitas de 460 grs. Lo corriente -dice- son los granos "como de trigo", redondeados o lenticulares y el polvo. Su ley o fino la señala de 23 quilates (:230).

    Los implementos para el lavado durante el siglo XVIII eran, según Gómez deVidaurre, las estacas de leños para cavar; los platos hondos (bateas) y navetas de cuerno de vaca (poruñas) con los que separaban la arena del oro.

    Reglamentación minera-aurífera.

    La primera ordenanza oficial para la minería en Marga Marga fue dictada por Pedro de Valdivia y el Cabildo de Santiago en 1546. Ella contemplaba las primeras normas básicas para la explotación aurífera y la propiedad minera.

    Posteriormente, en 1548, el Cabildo adoptó nuevas reglamentaciones sobre aspectos diversos:

    Luego en 1549, el Cabildo acogió la solicitud de Pedro Gómez, destacado en la casa-fuerte de Quillota, quién comunica el temor de los mineros ante un posible alzamiento indígena, conocidas la noticias de la sublevación ya ocurrida en Coquimbo y Copiapó. La solicitud expresa dramáticamente:

  • ".....que para que se pueda sustentar estas minas y estén seguras, y no den los indios en todos los que estamos aquí, manden proveer alguna gente de a caballo a costa de la hacienda de S.M. .....porque si no se envía gente que sustente las minas y nos guarden, yo y todos los dichos mineros estamos determinados de desamparar las minas" (CHCH I: 167)
  • El cabildo contrató entonces 4 guardias armados para que

  • "velasen los cuartos del alba" y se paseasen con sus armas y caballos cuando cada noche vienen las cuadrillas a dar el oro que han sacado, a los mineros"
  • Fueron aquellos guardias Antonio Núñez, Juan Hermosa, Ortún Jiménez y Bartolomé Camacho (CHCH I: 205). Se ordenó juntamente, que todas las personas de Marga Marga durmiesen en "las dos calles principales que están en las dichas minas", todos con sus armas preparadas.

    Al año siguiente numerosas anomalías e irregularidades determinan el acuerdo del Cabildo que nombra Alcalde Minas de Marga Marga a Mateo Díaz, con encargo expreso de impartir justicia a los indios y españoles. Más adelante, en Septiembre de 1550, el mismo Cabildo comisionó al Alguacil Mayor Juan Gómez para investigar los robos cometidos por indios, yanaconas peruanos, negros y españoles, para trocarlos por objetos, perjudicando a los concesionarios mineros.(CHCH I:257).

    Luego en 1551, se prohibió a indios y yanaconas comprar ropa o mercaderías a comerciantes epañoles con oro en polvo, sino con oro fundido y marcado, multándose al transgresor con $ 50 oro. Se prohibía nombrar Alcalde de Minas a mineros o jefes de cuadrillas de indios, para evitar los abusos. El aumento alarmante de juegos de azar entre los negros y yanaconas, obligó a su total prohibición, extendiéndola luego a los españoles. Como los negros y yanaconas jugaban el oro que pertenecía a sus amos españoles, se les aplicaría la pena de 50 azotes en público.

    Los años siguientes hubo poca disposiciones para Marga Marga, hasta llegar al Cabildo del 7-10-1578, cuando se denunció que hay muchas personas que "venden o rescatan vino por oro a los indios que trabajan las minas de Marga Marga". Se acordó pues, la total prohibición de tal comercio ilegal, con multas de $50 oro. También se prohibió el trueque de cuchillos por oro con los indios lavadores, porque estando borrachos se herían y mataban.

    CONCLUSIÓN

    Los inicios de la explotación de los lavaderos de Marga Marga coinciden con la ocupación incaica de Chile Central. Hasta el momento no disponemos de pruebas que señalen su aprovechamiento por culturas indígenas locales preincaicas.

    La existencia de abundante oro casi intocado, motivó la presencia incaica en Chile Central y Marga Marga. En este período se explotó selectivamente el mineral más voluminoso, usando para esto la fuerza de trabajo indígena local, en calidad de tributo; fundamentándose en las relaciones personales de dependencia y dominio entabladas entre el Inca y los señores del alto y bajo valle del río Aconcagua, Michimalonco y Tanjalonco.

    Los incas introdujeron las primeras técnicas extractivas y de fundición del oro, así como la primera organización del trabajo mediante el sistema de trabajo tributario por turnos anuales o "Mita", que perdurará hasta el período Colonial.

    En el período inicial de la Conquista (1541-61), la producción de Marga Marga alcanzó su apogeo. Junto a los procedimientos y organización instaurada por los Incas, se agregan nuevas técnicas materiales y herramientas (de cobre, hierro) aportados por los hispanos. Después de los primeros años de guerra constante, que perjudica enormemente el volumen de `producción, se explota intensamente los minerales hasta alcanzar para el período de 20 años un total de 9.840 kgs; trabajando tanto el mineral desechado por los Incas como los depósitos aluviales hasta la roca madre, con procedimientos y técnicas similares a las usadas por los españoles en otros lugares de América.

    Resultado de la importancia de Marga Marga en este período colonial, surgen sitios habitacionales o "asientos" ocupados por los actores participantes en las faenas mineras. Dichos lugares están en proceso de ubicación y pueden arrojar valiosa información para un conocimiento más detallado del período.

    Paralelo al auge de la explotación de Marga Marga durante el inicio de la Conquista, esa actividad inspiró las primeras reglamentaciones del período colonial chileno, reflejando los avatares y peculiares características de esa actividad en la época.

    Finalmemnte, el hallazgo de nuevos placeres auríferos, tanto o más ricos que Marga Marga y su paulatino agotamiento hacia 1561, determinó un decaimiento de la minería en este lugar y el traspaso del centro de atracción hacia otros minerales más opulentos y rentables.

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